Adrift & Meido, Sala Sonora, Erandio, 8 de Junio‏

Noche de sonidos gruesos y emociones descontroladas, la que nos habían prometido los madrileños Adrift en la Sala Sonora. Habiéndose establecido como una de las más firmes realidades que campan por el panorama estatal, y después del espaldarazo que la crítica ha otorgado a su última creación, las expectativas con las que se acercaban hasta Erandio no eran como para tomárselas a broma.
Si bien se les ha denominado en alguna ocasión como el secreto mejor guardado del underground español, da la impresión de que les queda poco tiempo para seguir gozando del título. Sus apariciones en directo comienzan a tener cierta repercusión y la solidez con la que se emplean, es la mejor baza con que cuentan para continuar reclutando seguidores allá donde se personan. En Erandio concretamente, dudo mucho que tuviesen la posibilidad de hacerlo, casi todos veníamos convencidos de casa. Éramos pocos si nos daba por ponernos a contar, pero absolutamente convencidos en lo referente a que Adrift iban a pasarnos por encima esa noche.
Antes de que a nadie se le pusiesen a temblar los empastes, teníamos previsto un breve precalentamiento a cargo de la gente de Meido, una formación que cumplió el expediente pero que en ningún momento pudo hacer sombra a las estrellas de la noche. Sometiendo a la parroquia a base de inmersión pura y dura, dejaron correr sus minutos entre momentos notables y otros que no lo fueron tanto. Los menos pacientes se distraían con el móvil mientras la gente de bien, trataba de sumergirse en los devaneos que el trio proponía. Las similitudes con Neurosis resultaban evidentes pero el detalle de cantar en Euzkera, les daba un punto de autenticidad. Retazos de SludgeDoom bien elaborado, parones pretendidamente pedantes, alguna progresión Stoner como para quitarse el sombrero y sonidos chirriantes enlazando atmosferas apocalípticas, nutrieron la actuación de estos vascos, a los que nos volveremos a cruzar el día menos pensado.
Con el alma un poco más cultivada y el corazón pidiendo a gritos que lo zarandeasen, el turno de los madrileños llegaría sin dilaciones de por medio. Los cuatro monstruos que componen Adrift treparon sobre el humilde escenario de la Sonora, se pusieron a aporrear sus guitarras para atar en corto a los que aun andaban apurando su cigarro en la puerta y empequeñecieron el recinto a su voluntad. Bastaron unas pocas notas de Monolito para que aquello pareciese una caja de cerillas esperando a que la prendiesen fuego. Minuto a minuto, lo iban a ir consiguiendo sin que para ello notásemos ningún truco escénico en el proceso. La rotundidad que encierran las piezas de esta gente es todo lo que necesitan, todo lo que necesitaron y algún día, cuando tengan la suerte de petarlo en el extranjero, todo lo que necesitaran.
Su poderío no radica únicamente en la montaña de graves que lanzan sobre los espectadores, adornan la mezcla con la dosis justa de introspección que tan buen resultado ha dado siempre a los gigantes del Post Metal. Adrift dejan este tipo de detalles en un segundo plano, para apoyarse sin miramientos sobre la terrible pegada de que disponen.  Hostia va, hostia viene, se suele decir popularmente, lo que viene a ser un ladrillo lanzado con mala baba entre ceja y ceja.
Llevábamos tan solo cuatro cortes y aquello ya se estaba pasando de castaño oscuro. No hizo falta que llegásemos a MalletMan para que tuviésemos que inclinarnos ante la que nos estabacayendo. Black HeartBleeds Black subía la intensidad y retumbaba sin compasión haciendo que la velada entrase en una nueva dimensión. El cuello crujía instintivamente y llegaba el momento de dejarse ir, la conexión entre los que estaban arriba y los de abajo no haría más que ascender. Sin piedad, con los mástiles apuntando al cielo y con toda la mala hostia que requieren este tipo de conjuntos, Adriftno iban a tratar de hacer prisioneros.

El pogo comenzaba a aparecer de manera tímida, Long Nailsreplicaba certeramente y hubo hasta quien, empujado por la euforia, no dudo en lanzarse sobre las cabezas de la peña allí presente. Contemplar el efecto de semejante éxtasis colectivo entre unos pocos, y con cuatro tíos delante que no dejaban de apretar las clavijas, era demasiado como para mantener la compostura. La losa que habían comenzado a atarnos hacía una hora, continuaría arrastrándonos hasta que las luces dijesen basta.

Unai Endemaño
Stun.Es
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